martes, 28 de agosto de 2007

180/Papeles y cenizas -Cuantos años dura un siglo? - Por Alejandro Piscitelli

Cuando contar depende de que contamos

"Que son cien años, que son mil años, cuando un solo instante los borra "(Bossuet)

Siglos que no se ajustan al almanaque

Cuando seis años antes del fin del milenio Eric Hobsbawm, publico La era de los extremos. El corto siglo XX: 1914 – 1991 una idea llamativa recorrió las usinas del pensamiento. Se trataba de la noción de siglo corto, o mas precisamente de la asimetría que hay entre el siglo calendario y el siglo significativo de historiografos.


Hobsbawm un historiador marxista de monta -que publicó recientemente su fascinante autobiografía Años interesantes,
al acortar al siglo XX no estaba simplemente acudiendo a un truco publicitario -sino que estaba hundiendo el dedo en una llaga que recogería Alain Badiou en su exquisito El siglo (Manantial, 2005). Pero no nos apresuremos.

Respetándolo desde mis años estudiantiles después de haber leído su simpático Rebeldes Primitivos. Estudios arcaicos en las formas de movimientos social en los siglos XIX y XX (publicado originalmente en 1965), Hobsbawm concluía en esa obra una saga empezada muchos años antes que había incluido títulos importantes como La era de la revolución (1789-1848), La era del capital (1848-1875) y La era del imperio (1875-1914).

Si en su momento ese cuarto volumen nos llamo la atención, ello se debió a varios factores. Nos fascina el siglo XX así como la lectura que hace Hobsbawm del mismo -aunque los marxistas consuetudinarios lo acusan de haberse vendido al oro capitalista-, que aunque sin ser un especialista, como le critican sus colegas, lo que muchas veces no se sabe si es un demerito o un mérito, como le pasaba al propia Michel Foucault con los historiadores- ha sabido registrar la carga de hiperideologizacion que lo caracterizo (o con la que vale la pena caracterizarlo)
Pero mas puntualmente nos atrapo la tesis inicial de Hobsbawm respecto al siglo XX según la cual se trataría de un siglo "corto”, que abarcaría desde 1914, inicio de la primera guerra mundial, hasta 1991, año del derrumbe y desmembración de la Unión Soviética. Su justificación hay que buscarla, sin embargo, en el tomo anterior, que es donde el autor argumenta por qué el siglo XIX "se alarga” hasta 1914. El siglo XX comenzaría entonces tardíamente y culminaría anticipadamente, configurando así un "siglo corto”.


Los peligros de los siglos cortos


Es cierto que el gran Immanuel Wallerstein (en su fundacional El moderno sistema mundial, Siglo XXI, México, 1984) había insistido en una tesis parecida sosteniendo que el siglo XV, el siglo de la conquista del Nuevo Mundo y de la fundación de los primeros imperios coloniales, no había empezado como el calendario exige en el año 1500 sino en 1492, el año del descubrimiento, terminando asimismo antes, hacia 1590, cuando España había perdido ya la hegemonía mundial.


Algunos analistas como el ignotoRicardo Ribera, dando por sentada esa asimetría entre cronología y significación, aceptan que las periodizaciones puedan ser diversas pero en el caso especifico del siglo XX como siglo corto insisten en que Hobsbawm abusa al escamotearle al siglo casi 25 años.


Y abudnan sosteniendo que el historiador inglés ya había recurrido a esta mala costumbre con el siglo anterior haciéndolo comenzar en 1789 y concluir hasta 1914. A este "siglo largo” correspondería el siguiente "siglo corto”.


Son muchas las razones que se le endilgan a Hobsbawm por su periodizacion supuestamente arbitraria, desde algunas francamente berretas como acusarlo de oportunismo al cerrar el siglo XX con la caída del muro de Berlín, para ganarle de mano a sus colegas en el negocio de ser el primero en publicar una historia del siglo XX, hasta la sugerencia de haber caído preso de las trampas del eurocentrismo por cuanto lo que nos debería interesar mucho mas en el sur, no es la lucha ya terminada entre capitalismo y socialismo real, sino la inconclusa entre imperio y colonias.


Quienes le objetan su periodizacion lo hacen desde la comodidad de haber vivido de este lado del siglo XXI e insistenen que el verdadero final del siglo XX se produjo el 11 de septiembre de 2001, con el ataque terrorista en Nueva York y Washington y las consecuencias que estamos viviendo a diario de esa catástrofe.
Si esto fuera así el pobre y anciano Hobsbawm se encontraría con la desgracia de que el mismo y todos nosotros habríamos vividos entre agosto de 1991 y septiembre de 2001 "fuera de siglo", opción posible (¿cuantos de nosotros no hemos vivido décadas dentro de un tupper?) pero que a los historiadores serios y tercermundistas les parece una opción surrealista


Por si no fueran poco los palos que le pegan a Hobsbawm por haber terminando el siglo antes de tiempo, también se le critica haberlo hecho empezar demasiado pronto -y esto por razones ideológicas que le habría hecho caer a Hobsbwan!!!! en la trampa imperialista.


Los admiradores del padrecito Stalin


Dicen esos mismos periodizadores molestos que es injusto empezar el siglo XX con la primera guerra mundial ya que el autentico acontecimiento epocal (
Tato Pavlosvky y Susy que tan enojados están con Martin Amis por sus criticas al padrecito Stalin y su indulgencia frente al carnicero Hitler, seguramente coinciden en este punto).

Los críticos le enrostran su olvido al anciano Hobsbwan insistiendo que eso hubiera sido conceder a tal gesta revolucionaria y al propio régimen soviético una importancia desmedida, lo que está muy lejos de las posiciones moderadas de Hobsbawm. Su obsesión, como sin duda la de una mayoría de europeos, es otra: la guerra fría -mientras que nosotros vivimos eternamente en la guerra caliente.


Que hay mucha otras periodizaciones posibles queda claro pispeando la obra de Marc Nouschi
Historia del siglo XX. Todos los mundos, el mundo, Cátedra, Madrid, 1999 , quien propone hasta nueve distintas fechas alternativas para dar comienzo al siglo XX (desde la invasión a Cuba por parte de USA hasta el descubrimiento del radio a manos de los inexpertos esposos Curie).
Los críticos de Hobsbawn no están satisfechos con ninguna de esas fechas porque para ellos la única significativa o, simbólica debería ser la que sancione el ascenso de Estados Unidos a la hegemonía mundial y, sobre todo, su nueva voluntad por alcanzarla.


Pues bien nosotros no estamos demasiado interesados en fijar una fecha única para el inicio del siglo XX, creemos que hay varias, que la tesis del siglo corto es mucho mas interesante que determinar cuando USA se convirtió en el monstruo que es hoy y que ademas esta afan de unicidad esconde la incapacidad de un vision policocular de las causalidades circulares mutuas que rediseñan nuestros mundos cada dia.


Por ello revisaremos la fantástica exploración filosófica (y ya no meramente historiografica que hace Alain Badiou) acerca de como periodizar al siglo XX, mostrando que las luchas intestinas entre historiadores, especialmente entre marxistas moderados y fogosos no ayuda mucho y al contrario oscurecen.
¿Cuestión de cronometria o de semiología? En vez de uno al menos tres siglos
Wallerstein y Hobsbawn quisieron ponerle el cascabel al gato insistiendo en que la duración de un siglo no era tanto cuestión de cronometria cuanto de semiología. No tanto de qué acontecimientos ocurren y son valorizados periodésticamente (como ejemplo de lo que no hay que hacer pueden ver la encuesta que esta promoviendo CNN tratando de identificar
los 10 hitos mas importantes en los 15 años de historia de la web). Pero no nos desviemos
Perfeccionando el intento de Hobsbawn, el genial Alain Badiou dedico casi tres años de sus clases en el Colegio Internacional de Filosofía en París (entre 1999 y 2001) a tratar no de inventariar, sino de pensar El siglo XX, para encontrarse con la paradoja de que el siglo XX es al menos tres siglos muy distintos, todos mas cortos que el calendario y encima absolutamente contradictorios (en las interpretaciones) entre si.


Así hay un primer siglo -muy parecido al que invento Hobsbawn pero que recapitula también a sus críticos- que comenzó con la guerra de 1914/18 y que incluye la revolución de Octubre de 1917 y termina con el derrumbe de la URSS y el final de la guerra fría. Es un pequeño siglo de 75 años muy unificado. Sus hilos conductores son la guerra y la revolución, es el siglo político por excelencia y también puede ser bautizado como el siglo del marxismo.


Un segundo siglo corresponde al lugar de acontecimientos tan apocalípticos y espantosos que la única categoría apropiada para decretar su unidad es el crimen. Crimen de los stalinistas y de los nazis, del exterminio de los judíos en Europa, y de las carnicerías en Siberia. Aquí el hilo conductor son los campos de exterminio, las cámaras de gas, las torturas, el crimen estatal organizado. Este siglo es aun mas corto que el anterior. Empieza en 1917 con la revolución rusa, alcanza su apoteosis en Rusia en 1937 y en Alemania en 1942-5 y termina con la muerte de Mao Tse Tung.


Otro tercer siglo muchisimo mas corto (porque dura apenas mas que un cuarto de siglo sin resquebrajarse) es el que empezó en 1970 y saluda el triunfo (probablemente efímero) del capital como economía de las pasiones irrazonables del pensamiento. Es el siglo de la victoria de la economía.
¿Que siglo elegir?, ¿cual siglo privilegiar?, ¿porqué hacer la apología de una u otra lectura? Sea el que elijamos lo que no hay que perder de vista, y en esto Badiou es un lector mucho mas cuidadoso que Hobsbawn, lo que importa del siglo XX no es lo que paso, sino lo que se penso en/de el.


Decir lo que pasa, no es pensar lo que pasa

¿Cual fue el pensamiento nuevo en el siglo XX? ¿Que anido en las neuronas de los protagonistas del siglo XX que no provino de una mera inercia ancestral, ni devino como herencia automática de los siglos anteriores? Cuasi foucaultianamente ¿cual fue el impensado del siglo XIX o su impensable y que mecanismos tectónicos lo revelaron/reinventaron en el siglo XX o directamente hicieron de ese siglo de promesas un dechado de promesas y no menos convincentemente de derrotas? Después de todo uno de los rasgos imborrables de "El siglo XX" es precisamente lo irreconciliable.


Badiou en una lección metodologica excepcional parte de documentos (como el increíble poema de
Osip Maldestan "El siglo" del que solo hemos encontrado versión en ingles en la red ) para tratar de pintar la Bestia que fue el siglo XX leyéndolo como un poliedro desde al menos 10 caras distintas: la pasión por lo real, el triunfo del antagonismo, la creación de un mundo nuevo que no es ningún nuevo mundo, y siguen la pistas y las geniales distinciones.

Detrás de cada señalamiento hay teoría, detrás de cada ilustración una tesis a probar, y una fantasía a desenmascarar. Tomando como ejemplo el caso de los nazis (y dándole una nueva vuelta de tuerca a las observaciones puntillosas y tremendamente controversiales de Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén,
buena reseña ) la voluntad de saber de Badiou lo lleva a hacerse una y mil veces la misma pregunta.

¿Que pensaban los otros?, ¿que pensaban los actores?, ¿que pensaban los asesinos?, ¿que pensaban los torturadores?. Para el (contrariando así mucha teología del Holocausto) no hay peor consigna que imaginar que los asesinatos millonarios por su atrocidad son impensables. Nada de eso.


El hecho de no pensar lo que pensaban los nazis, (los stalinistas, los hutus, los militares argentinos de la guerra sucia) impide pensar lo que hacían y en consecuencia veda toda política real de prohibición del retorno de ese accionar. Lo impensado es indestructible. Solo puede corroérselo a través de su pensamiento. Y lo mismo cabe decir del siglo XX como un todo.
Pero ello solo es posible si en vez de ver al sintagma siglo XX como mera numeración empírica empezamos a entenderlo como subjetivacion. Hay que cambiar la maquina de emitir juicios por un diseño de problemas a plantear y a resolver. Hay que escaparle como la peste a la inflación moral (una de sus ultimas versiones mas patéticas es la que planteo Elisa Carrio como contrato moral) que busca juzgar al siglo (a los otros) y a condenarlos, como punto de partida.


Los números que anonadan

Aunque el ejercicio de
Hillel Schwartz en Century's End: A Cultural History of the Fin de Siecle from the 990s through the 1990s consistente en comparar los fines de siglo desde 1090 hasta 1990 no llego demasiado lejos, -demasiado orientado hacia lo mismo y muy poco a lo distinto- y aunque no queremos caer presas del cronocentrismo, la verdad es que pensar el siglo XX, comparándolo con el XIX o el XVIII, con el XI o el XII es tremendamente endiablado. Porque difícilmente otro siglo de los 10 últimos empezó con las promesas de cambio radical, intelectual, cultural, cognitivo, estético como lo que trajeron el intervalo 1890-1914 (para un breve inventario ver las obras de Stephen Kern The culture of time and space 1880-1918. Cambridge, Harvard University Press, 1983 y de Robert Lowe, Historia de la percepción burguesa, México, FCE, 1986) ) y al mismo tiempo nunca hubo barbaridades mas atroces que las que se cometieron entre 1930 y 1950 (incluyendo el magnicidio de la trincheras que se vivió en 1914-1918).
Todas estas carnicerías se hicieron en nombre del hombre nuevo. Cada derrumbe de las opciones, cada exterminio de las alternativas terminaron en un antagoinismo radical, en Argentina la paz de los cementerios de los militares, en el Este la caída del muro de Berlín, convertidos en certificados de defunción de esa ilusión mas real que lo real.


Mientras que el siglo XX estuvo atravesado de convicciones y certezas y no pudo un solo día desde su principio al final dejar de intentar crear al hombre nuevo, aunque para ello tuviera que exterminar a la mayoría de los hombres viejos que se oponían o no entendían el proyecto, hoy estamos justamente al revés. Aunque difícilmente estemos mejor.


Porque para añadir insulto a la injuria justo en el momento en que la política renuncia a crear al hombre nuevo (porque cada vez que lo intentó, destruyó todo), la ciencia y la tecnología dicen estar en condiciones de poder hacerlo -con costos infinitamente menores. El problema es precisamente que solo la política tiene proyectos mientras que la ciencia solo se plantea problemas. Pues bien esto que hoy sabemos hacer no es algo que queramos hacer por cuanto no sabríamos para que hacerlo. A menos que el capital mande y el saber financiero decida.mmm


Menuda tarea se ha echado encima Badiou. Menudo placer el nuestro de seguirlo puntillosamente en sus señalamientos, maravillándonos de como todavía para pensar lo viejo es posible acuñar conceptos nuevos.

No hay comentarios: