martes, 20 de noviembre de 2007

390/Ponencia - Filósofo y urbanista Paul Virilio: El fin de la geografía - Juan E. Fernández Retamar

LUEGO DE LA desaparición física de Foucault, Deleuze, Guattari, y Baudrillard, el filósofo y urbanista Paul Virilio ha quedado bastante solo como exponente de una generación rebelde, crítica e iconoclasta, capaz de embestir contra todo lo instituido y animarse a cuestionar aquello que nadie interroga. Se trata de un profesional de la objeción y de una de las figuras más emblemáticas de la intelectualidad francesa posestructuralista.
Este polifacético pensador con aires de profeta exaltado y tremendista, parece responder a un sincero impulso neurótico con ribetes paranoides antes que a una intención mercadológica. Virilio se ha empeñado en explicar el mundo contemporáneo en clave apocalíptica haciendo un gran acopio de información sobre desastres, accidentes, atentados y guerras. De ese modo ha logrado difundir en todo el orbe ciertas advertencias y recelos, e imponer un nuevo orden conceptual de temores sobre la vida en las grandes ciudades, las reacciones en cadena, las ciberbombas y otras catástrofes en curso o inminentes.
En los años 90, mientras Baudrillard revisitaba una y otra vez las enseñanzas de la Guerra del Golfo, Virilio, desde la segunda fila del escaparate filosófico francés, rumiaba sus inelaborables obsesiones: Chernobyl, la insoportable aceleración de los procesos de la comunicación, la guerra de Kosovo, el terrorismo urbano, la desaparición de la geografía, el totalitarismo del progreso tecnológico, o el pánico en las megalópolis como Nueva York, Hong Kong, el DF mexicano, o San Pablo.
UN NIÑO DE LA GUERRA. Nacido en 1932, fue, según sus propias palabras, un war-baby, un auténtico niño de la guerra. Hijo de madre bretona y padre italiano y comunista (que había conseguido la residencia pero no la ciudadanía francesa), creció en Nantes, donde a los ocho años presenció la llegada de los alemanes, y a los once la destrucción de la ciudad bajo una lluvia de bombas de los aliados.
Al finalizar la guerra descubrió el mar al mismo tiempo que la paz, ya que la costa era zona de exclusión. En las playas Virilio se fascinó con los bunkers dejados por los combatientes, enigmas de una arquitectura bélica que comenzaba a ser reciclada por la población civil con otros fines.
Con una cámara Leica realizó un extenso inventario fotográfico, iniciando lo que treinta años después se convertiría en un ensayo arqueológico sobre las tecnologías de la guerra (Bunker Archéologie, 1975). Las crónicas posteriores de Auschwitz e Hiroshima y el descubrimiento de esos bunkers definirían su trayectoria filosófica posterior, marcada por una constante preocupación por el potencial destructivo de las nuevas tecnologías.
A diferencia de la mayoría de sus amigos -que luego de la Segunda Guerra Mundial comenzaron a militar en organizaciones marxistas- y como buen hijo rebelde de padres comunistas, Virilio se inclinó por el cristianismo. Mientras su generación leía El Capital de Marx, él decidió bautizarse y optó por el estudio de la Biblia, siguiendo los consejos de un cura obrero que trabajaba en la fábrica Renault y que vivía en una buhardilla en Saint Denis.
A los 18 años, aceptando una sugerencia de su mentor se abocó a la pintura, iniciando así lo que hoy denomina su "época Montparnasse". Para ganarse la vida pintó muros de cuatro por doce con afiches propagandísticos de los estrenos cinematográficos del momento. Actividad que terminó odiando por su contribución a la "polución del campo visual" y su complicidad con la industria publicitaria "ese gran bluff, violador de conciencias".
Para zafar de esa desagradable tarea, se volvió rápidamente maestro vidriero, dedicándose al vitraux y fundamentalmente al arte sacro, actividad que lo convirtió en un cotizado vitralista cristiano.
Fuera del horario de trabajo estudiaba a Merleau Ponty, asistía a los cursos de Vladimir Jankelevich y Raymond Aron, e invertía vacaciones y días libres en completar pacientemente su colección de fotos de los bunkers del muro Atlántico. Estos fueron siempre una de las grandes obsesiones de Virilio y actualmente es considerado el mayor especialista en ese tipo de fortificaciones.
Curiosamente, en 1966 ganó un concurso de diseño para construir la catedral de Nevers (la única construida durante el siglo XX en Francia) con un proyecto inspirado justamente en esas formas inquietantes de cemento. Esta extraña construcción, mitad gruta, mitad bunker, desató una amplia polémica y despertó una fuerte oposición eclesiástica.
Virilio suele recordar que en la liturgia de consagración de esa catedral, el obispo a cargo repitió tantas veces que esa iglesia era un horror. El novel párroco del lugar terminó interrumpiéndolo para recordarle que aquella era "una ceremonia de consagración y no un exorcismo".
MUSEO DE LAS CATÁSTROFES. En 1963 Virilio fundó junto con Claude Parent, su socio intelectual durante muchos años, la influyente revista Architecture Principe, publicación analítica de la modernidad arquitectónica y urbanística.
Años más tarde, durante el Mayo francés, Virilio tuvo una activa participación en todas las movilizaciones llegando a ocupar el célebre teatro Odéon y resistiendo la represión que sobrevino después. Durante esa ocupación planificó junto con otros rebeldes, la creación de la Escuela Especial de Arquitectura, de la que se volvió su máximo responsable hasta 1998.
A comienzos de los años 70 comenzó a difundir sus ideas sobre las transformaciones del arte y la percepción moderna, colaborando con las revistas Esprit y Cause Commune, y especialmente en Tomate, radio alternativa fundada por él junto a Félix Guattari, donde Virilio delineó sus obsesiones personales: la relación entre la guerra, la ciudad y la política; y en especial su preocupación por la velocidad.
En 1973, cuando ya era un reconocido ensayista del urbanismo contemporáneo, aceptó la dirección de la colección Espacio Crítico, de la editorial francesa Galilée, y quince años después le fue concedido el Gran Premio Nacional Crítica de la Arquitectura, ganándose un lugar muy original en la reflexión filosófica.
En 1990, cuando Jacques Derrida asume la dirección del Collège International de Philosophie, Virilio es elegido como coordinador de los programas académicos, al tiempo que despliega en forma paralela una intensa actividad como curador de numerosas exposiciones de arte de la Fundación Cartier.
Más recientemente, justo en el cambio de siglo, inauguró en Japón el Museo de las Catástrofes, construcción realizada bajo su dirección y proyecto.
CLAUSTROFÓBICO Y ASMÁTICO. Lo que más sorprende de la obra de Virilio es esa indefinición intrínseca. Por momentos parece configurar una necesaria ampliación del universo reflexivo de un urbanista, y por otros, la de un filósofo atípico cuyo acervo principal proviene de la arquitectura, la plástica, y fundamentalmente de la historia de las ciudades europeas y sus grandes guerras. También llama la atención la discontinuidad de su pensamiento y una cierta desprolijidad argumental, balbuceando ideas potentes con una premura más propia de un periodista que debe entregar su nota, que la de un pensador que debe interrogar concienzudamente sus hipótesis. Rasgo de estilo que compartió con Baudrillard, aunque el lenguaje de Virilio está más cerca del patentado por Deleuze y Guattari, la dupla esquizoanalítica francesa, con la que mantuvo una larga amistad.
De hecho, ningún otro pensador contemporáneo -aparte de ellos tres- ha revelado un interés semejante por pasar de un uso metafórico a un uso instrumental de categorías propias de la geografía política y de la arquitectura.
Hay un uso intensivo de conceptos muy alejados del arsenal conceptual de la filosofía clásica, tales como: territorialidad, mesetas de intensidades, poblaciones, nómadas y sedentarios, planos de consistencia, y líneas de fuga. Ese lenguaje popularizado por Gilles Deleuze y Félix Guattari para pensar la subjetividad contemporánea, sólo encuentra resonancia y similitud en las preocupaciones teóricas de Virilio, siendo muy clara la influencia recíproca entre los tres.
No obstante, Virilio no se detiene en la deriva del deseo humano sino en el impacto político y subjetivo de la velocidad, los motores, las pantallas, y la digitalización del mundo.
Autodefinido como claustrofóbico, asmático y resistente frente al desarrollo descontrolado de la tecnología, Virilio parece estar siempre vaticinando catástrofes.
LA TIRANÍA DEL MIEDO. Hace ya 24 años un camarógrafo registró cómo los tuaregs, esa tribu nómada del desierto del Sahara, detuvieron su migración anual durante diez días para poder seguir los últimos capítulos de la serie Dallas por televisión. Acontecimiento luego revisitado por numerosos ensayistas para ejemplificar la globalización.
Desde hace más de quince años, los niños de China continental disfrutan a diario de Mickey Mouse y el Pato Donald, en una versión doblada al mandarín; al tiempo que los árabes de Marruecos siguen en el canal Retro las viejas películas mexicanas de Cantinflas, y los japoneses celebran la Navidad aunque los cristianos sean menos del 1% de la población.
La globalización se aparece como el hogar inevitable, una gran residencia donde todos habitan. La nueva cultura mundializada impulsa una redefinición de lo universal y lo particular bajo un proceso indetenible de intensificación de las comunicaciones y de aceleración del flujo entre lo local y lo global.
Mientras muchos pensadores celebran el vértigo tecnológico de las últimas décadas, Virilio no deja de alertar al mundo sobre los peligros inminentes que subyacen a los procesos de globalización.
Desde su primer libro "filosófico", La inseguridad del territorio (1976) hasta su último trabajo, Ciudad pánico. El afuera comienza aquí (2004), Virilio ha rondado los mismos temas aportándoles nuevos colores y perspectivas.
Fiel a su formación profesional, en más de una ocasión se ha presentado como un pensador del espacio-tiempo, afianzando un discurso negativo del progreso técnico aunque de fondo siempre parece revelar una suerte de fascinación tecnológica, comentando a cada paso algún detalle poco conocido de las nanotecnologías informáticas o del último tren de alta velocidad chino.
En cada uno de sus libros Virilio no deja de señalar que la eficacia del progreso acarrea como contrapartida una fragilización, un nuevo peligro, una propensión al accidente y por la misma razón, al atentado.
La racionalidad instrumental de la tecnología siempre está en cuestión en sus reflexiones. Virilio busca ese punto de inflexión en que deja de ser una construcción dominada por el ser humano para convertirse en una amenaza inesperada. Su posición remite a la búsqueda de nuevas formas de emancipación de la tiranía del progreso cuando éste se vuelve un fin en sí mismo.
A nivel académico se suele asociar el nombre de Virilio con la novel dromología, disciplina propuesta por él para el estudio de la lógica de la velocidad, y más en particular, del impacto subjetivo de la conquista de la velocidad mediante nuevos desarrollos técnicos. Algo así como una nueva economía política de la velocidad, estudio que se impone a partir de la revolución de los transportes durante el pasado siglo y del protagonismo adquirido por las telecomunicaciones instantáneas.
En perspectiva, tanto El arte del motor, La velocidad de la liberación o El cibermundo, la política de lo peor hablan básicamente de ese tipo de problemas y riesgos. Con los transportes ultra-rápidos y las telecomunicaciones todo puede ser hecho "sin tener que partir ni viajar obligatoriamente. Es la era de la llegada generalizada...". La velocidad es poder y las sociedades se reordenan en torno a ese nuevo vector. No obstante, la velocidad genera una nueva forma de polución y exige una nueva ecología. Se acerca el día en que "el espacio-tiempo del mundo habrá dejado de existir porque habremos perdido la extensión y la duración del mundo por culpa de la velocidad".
Mientras se discute el fin de la historia Virilio advierte sobre el fin de la geografía. La modernidad se caracterizó por un encadenamiento secuenciado del pasado, presente y futuro. Pero eso ha dejado de verificarse. Las experiencias y enseñanzas del pasado han perdido gran parte de su utilidad y no hay formas confiables de prever el futuro. Hemos ingresado a un presente permanente que todo lo succiona.
Siguiendo los planteos formulados por Einstein poco antes de morir, la humanidad enfrenta el peligro de tres bombas que amenazan su porvenir. La bomba atómica, es decir la tecnología bélica, que ya ha estallado de múltiples formas; la bomba de la información, que Virilio reformula como la bomba informática; y por último, la bomba demográfica. Bomba que debería ser pensada también desde el biopoder enunciado por Foucault y la tecnología genética.
Virilio no cesa de advertir sobre los inminentes estallidos de las fantasías redentoras de la mundialización y sobre las catástrofes en ciernes. Flujos migratorios descontrolados hacia las ciudades ricas; un posible crack económico debido a la liberación del mundo bursátil y comercial de las restricciones y controles estatales; la implosión de Internet por saturación de sus ramificaciones; las ciudades blindadas mediante televigilancia convertidas en guetos de lujo, asfixiantes y frágiles, debido a una babelización creciente, una incontenible concentración demográfica y una excesiva dependencia tecnológica y energética. O ciudades gobernadas por un virtual Ministerio del Miedo que tomó el reemplazo de los viejos Ministerios de Guerra, al reconocerlas y proponerlas como blanco predilecto de todas las agresiones militares posibles.
EL AFUERA COMIENZA AQUÍ. El libro Ciudad pánico tiene ya tres años, aunque sólo uno de su traducción al español, y refleja esa visión paranoide del futuro que Virilio ha sabido cultivar.
Aunque a lo largo de 140 páginas parece esbozar y prometer una nueva teoría política para entender mejor el actual estado de las cosas, no llega a redondear ni una tesis canónica ni un ensayo exhaustivo sobre el miedo contemporáneo en las grandes ciudades. No obstante, Virilio desgaja permanentemente ideas fértiles y provocativas que demandan un tratamiento más detenido y un abordaje más minucioso.
Sus argumentos no son sencillos de reconstruir. Frases cortas casi aforísticas que se encadenan ritmando el hilo de sus asociaciones mentales y esbozando un collage temático matizado con sus omnipresentes temores. Además de un estilo muy singular siempre anegado de prefijos (trans-, mega-, geo-, híper-, etc.) y con múltiples detalles de edición -palabras en itálicas, mayúsculas o versalitas que jalonan y destacan la importancia de lo que quiere transmitir- Virilio ha salido a defender en numerosas ocasiones estas predilecciones. Aduce la influencia que ejercieron sobre él por vía paterna los poetas futuristas italianos, con quienes compartió el interés por la tecnología, la velocidad y los recursos gráficos de imprenta.
Pese a todo, una idea central recorre Ciudad pánico: el paulatino abandono de los Estados nacionales como unidad de medida política en beneficio de los intereses concentrados en las grandes ciudades; esas "ciudades del bienestar" (a las que las masas sueñan con emigrar) comienzan a importar más desde cualquier punto de vista que el territorio de un país.
Hasta el pasado siglo, tanto la política como la guerra giraron en torno a los intereses del territorio extenso de los Estados nacionales, caracterizados por poblaciones mucho más distribuidas, con un ejército protector de sus fronteras y una policía que cuidaba de la seguridad interna. Siguiendo esta lógica, los ejércitos daban batallas territoriales procurando su conquista, enfrentándose en campo abierto y dejando a las ciudades como el último escenario bélico posible. Desde la Segunda Guerra Mundial, las ciudades dejaron de ser el trofeo del invasor para convertirse en el blanco preferido de los bombardeos y la victoria a dirimirse mediante el daño y el miedo infligido a poblaciones de civiles. Las grandes ciudades contemporáneas con sus poblaciones nómades multiétnicas pautan ahora los ritmos económicos, las estrategias de seguridad, y los flujos de inversiones. Allí comienzan a verificarse fenómenos nuevos, el ejército y la policía comienzan a indiferenciarse en sus tecnologías y funciones; los ciudadanos también deben adecuarse a desconfiar y vigilar a sus vecinos y estar preparados para todo, en un estado de alerta permanente frente a dos situaciones análogas: el atentado y el accidente. Los dos ingredientes cotidianos de la vida en las metrópolis gobernadas por la inseguridad y el pánico.
Pese a su extrema banalidad y puerilidad hollywoodense, la película Duro de Matar 4 (2007), es la que mejor refleja los terrores urbanos analizados por Virilio. El atentado multiplicándose en accidentes cuando los terroristas toman el control de los semáforos y por consiguiente de la velocidad de desplazamiento vehicular; el complejo militar atacando objetivos civiles por comunicaciones interceptadas; hackers diseminando virus que desestabilizan la economía mundial; mercenarios ubicuos controlando todo desde laptops; multitudes secuestradas por la falta de electricidad y una gran ciudad convertida en una gigantesca ratonera de la que no es posible salir.
Según Virilio, el pánico actual post 11/ 9 anula las posibilidades de reflexión colectiva y clausura la democracia debido a la instauración de un estado de emergencia permanente, en el que la información clasificada es administrada por unos pocos y los medios masivos de comunicación dejan de "estandarizar a la opinión pública" para procurar una "sincronización emocional" de las masas bajo el signo paranoico del terror. El mundo de las pantallas abandona el rol de sustituto de la política deliberativa y uniformizador de la reflexión común, para gobernar sobre los afectos, marcando el ritmo sincopado de los corazones de las teleaudiencias. Un estado de paranoia y desconfianza permanente pauta el estado subjetivo de las grandes urbes, expuestas tentadoramente como blanco del terrorismo global y como espacios propiciatorios de accidentes en cadena.
Sin embargo, cabe aclarar que el relevamiento obsesivo de los peligros contemporáneos no es usado por Virilio para multiplicar lo que denuncia sino para reclamar que el progreso se autocritique, en el entendido que la crítica es el único fundamento ético admisible de la ciencia.
CIUDAD PÁNICO. El afuera comienza aquí. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2006. Distribuye Gussi. 140 págs.
Virilio en castellano
Estética de la desaparición, Anagrama, Barcelona, 1988.
La máquina de visión, Cátedra, Madrid, 1989.
El arte del motor, Manantial, Buenos Aires, 1993.
La velocidad de la liberación, Manantial,
Buenos Aires, 1995.
Un paisaje de acontecimientos, Paidós,
Buenos Aires, 1997.
El cibermundo, la política de lo peor, Cátedra,
Madrid, 1997.
La inercia polar, Trama, Madrid, 1999.
La bomba informática, Cátedra, Madrid, 1999.
La inseguridad del territorio, La Marca,
Buenos Aires, 2000.
El procedimiento silencio, Paidós, Buenos Aires, 2001.
Ciudad pánico. El afuera comienza aquí. Ed. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2006.
textos Velocidad e información

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PAUL VIRILIO
LA PALABRA globalización es una farsa. No hay globalización, sólo hay virtualización. Lo que está siendo efectivamente globalizado es el tiempo. Ahora todo sucede dentro de la perspectiva del tiempo real: de hoy en adelante estamos pensados para vivir en un sistema de tiempo único. Por primera vez la historia va a revelarse dentro de un sistema de tiempo único: el tiempo global. Hasta ahora la historia ha tenido lugar dentro de tiempos locales, estructuras locales, regiones y naciones. Pero ahora, en cierto modo, la globalización y la virtualización están inaugurando un tiempo universal que prefigura una nueva forma de tiranía. Si la historia es tan rica, es debido a que era local, fue gracias a la existencia de tiempos limitados espacialmente que no hicieron caso a algo que hasta ahora sólo ha ocurrido en la astronomía, el tiempo universal. Pero en un futuro muy cercano, nuestra historia sucederá únicamente en tiempo universal; eso es, en sí mismo, el resultado de la instantaneidad. De este modo vemos por un lado al tiempo real sustituyendo al espacio real. Un fenómeno que está haciendo de ambas distancias y superficies algo irrelevante en favor del "time-span" (medidas del tiempo), y un extremadamente corto tiempo de duración en esto. Por otro lado tenemos el tiempo global, perteneciente al multimedia, al ciberespacio dominando en forma increíble la estructura del tiempo local de nuestras ciudades, de nuestros vecindarios. Tanto que hay un debate para sustituir el término "global" por "glocal", una concatenación de las palabras local y global. Esto surge de la idea de que lo local ha llegado, por definición, a ser global y lo global, a ser local. Tal deconstrucción de la relación con el mundo no está desprovista de consecuencias en la relación entre los propios ciudadanos, nada se obtiene sin que también se pierda algo. Lo que se ganará de la información y la comunicación electrónica necesariamente provocará una pérdida de alguna otra cosa. Si no somos conscientes de esa pérdida y no la tenemos en cuenta, lo que ganemos carecerá de valor. Esta es la lección que debe aprenderse del desarrollo previo de la tecnología de los transportes. La realización del servicio de ferrocarril de alta velocidad ha sido posible sólo porque los ingenieros del s. XIX habían inventado el sistema de bloqueo automático que es un método para regular el tráfico de forma que los trenes son acelerados sin riesgo de catástrofes ferroviarias. Pero hasta ahora la ingeniería de control del tráfico en las autopistas de la información brilla por su ausencia. Hallamos aquí otro punto importante: que ninguna información existe sin desinformación, y ahora un nuevo tipo de desinformación está poniéndose a la cabeza y es totalmente distinta a la censura voluntaria. Tiene que ver con cierto tipo de obstrucción de los sentidos, una pérdida de control sobre la razón de los géneros. Aquí yace un nuevo y mayor riesgo para la humanidad procedente de la multimedia y los ordenadores. Albert Einstein ya lo había profetizado en la década de los cincuenta, cuando habló sobre la "segunda bomba". La bomba electrónica, después de la atómica. Una bomba por la cual la integración del tiempo real será a la información lo que la radioactividad es a la energía: la desintegración no afectará solamente a las partículas de materia sino también a la gente que compone nuestras sociedades.
Esto es precisamente lo que se puede ver en el trabajo con la masa de desempleo, los trabajos unidos y el brote de empresas deslocalizadas. Uno podría suponer que del mismo modo que el surgimiento de la bomba atómica provocó la rápida elaboración de una política de disuasión adaptada al siglo XXI, ésta podría ser una forma de disuasión para contrarrestar el daño causado por la explosión de información ilimitada. Éste será el mayor accidente del futuro, el que viene luego de la sucesión de accidentes específicos de la era industrial. (Así mientras fueron inventados barcos, trenes, aviones o plantas nucleares, al mismo tiempo se inventaron naufragios, descarrilamientos, accidentes de aviación y el desastre de Chernobyl ...). Después de la globalización de las comunicaciones se debería esperar un tipo generalizado de accidente, sería algo como lo que Epicuro llamó el "accidente de accidentes" (y Saddam Hussein seguramente llamaría la "madre de todos los accidentes"). El colapso de la bolsa es una débil prefiguración de ello. Nadie ha visto este accidente generalizado todavía. Pero presta atención si oyes hablar sobre la "burbuja financiera en la economía": una metáfora muy significativa es utilizada aquí y conjura visiones de ciertas nubes que nos recuerdan algunas otras tan espantosas como las de Chernobyl... Cuando uno se cuestiona sobre los riesgos de accidentes en las autopistas de la información, la finalidad no es la información en sí misma sino la absoluta velocidad de los datos electrónicos. El problema aquí es la interactividad. La ciencia de los ordenadores no es el problema, sino la comunicación por ordenadores, o más bien el (todavía no completamente conocido) potencial de la comunicación por ordenadores. En los USA, el Pentágono (origen de Internet) está incluso hablando en términos de una "revolución de lo militar" junto con una "guerra de conocimiento", que podría sustituir a la guerra de cerco, de la cual Sarajevo es un trágico recordatorio. Cuando Eisenhower dejó la Casa Blanca en 1961 definió el complejo militar industrial "como una amenaza contra la democracia". Sabía de lo que estaba hablando, ya que él ayudó a construirlo en primer lugar. Pero llega 1995, momento en el que el complejo militar informático está tomando forma con algunos líderes políticos americanos, más notablemente con Ross Perot y Newt Gingrich, que hablan sobre la "democracia virtual" en un espíritu con reminiscencias del misticismo fundamentalista, ¿cómo no alarmarse? ¿Cómo no ver los contornos de la cibernética convertidos en una política social? El narcocapitalismo del wired world (mundo interconectado), el poder sugestivo de las tecnologías virtuales no tiene paralelo. Al lado del ilícito narco-capitalismo basado en drogas, que está actualmente desestabilizando la economía mundial, se está construyendo rápidamente una narco-economía de comunicación por ordenadores. La cuestión sería si los países desarrollados no están jugando con tecnologías virtuales para devolver la pelota a los países subdesarrollados que están, especialmente en Latinoamérica, viviendo de la producción ilícita de drogas químicas. Cuando uno observa cuánto esfuerzo de investigación en tecnologías avanzadas se ha canalizado en el campo del ocio (videojuegos, gafas de realidad virtual, etc...), ¿debería este potencial, sometido e instantáneo, que está siendo desencadenado por estas nuevas técnicas en las poblaciones, permanecer oculto? Algo está flotando entre nosotros que parece un "ciberculto". Debemos saber que las nuevas tecnologías de conocimiento sólo promoverían la democracia si, y solamente si, nos oponemos desde el principio a la caricatura de la sociedad global que es tramada para nosotros desde las grandes empresas multinacionales lanzándose a sí mismas, en una marcha peligrosa, a las autopistas de la información.
El autor
El texto adjunto es un fragmento del presentado en "Next 5 Minutes", Amsterdam (1995). La traducción del inglés es de Juan E. Fernández.

lunes, 19 de noviembre de 2007

389/Entre Vista - El escritor que amó a Marte - Ray Bradbury

Lúcido, escribiendo, con libros nuevos y obras en cartel, uno de los padres de la ciencia ficción, a los 87 años, confiesa desde un amor con Bo Derek hasta su visceral rechazo a la educación sistemática y su deseo de yacer en Marte. Optimista, el autor de las consagradas "Crónicas marcianas" no teme el desastre ecológico: dice que a lo sumo habrá que mudarse a otros planetas.
CLAUDINE MOULARD .

El autor de Fahrenheit 451 y de Crónicas marcianas mantiene un optimismo imbatible. En el peor de los casos, "si la vida desaparece en la Tierra, podemos encontrarla en otros planetas. Los viajes al espacio nos harán inmortales"
«p-¿Considera que su best-seller Fahrenheit 451 fue mal interpretado?
«r-Se me han acercado japoneses para ponerme un walkman en las orejas y decirme: "¡Con Fahrenheit 451, usted inventó esto, señor Bradbury!" Mi respuesta ha sido: No, gracias. Estamos rodeados de demasiados juguetes tecnológicos, con Internet, los iPod... La gente se equivocó. Yo no traté de prever, sino de prevenir el futuro. No quise hablar de la censura sino de la educación que el mundo tanto necesita. Podemos salvar a Estados Unidos, gracias a los niños, si les enseñamos a leer y a escribir a partir de los 3, 4, 5 años para que lleguen a la escuela primaria sabiendo leer. Después, es muy tarde. Cuando en realidad, ya desde muy pequeños, queremos leer las palabras de las historietas. Yo aprendí a leer a los tres años, para leer las caricaturas.
«p-En Fahrenheit 451, los humanos salvan los libros memorizándolos. ¿Las bibliotecas digitales pueden cumplir ese papel?
«r-La digitalización no es la solución propiamente dicha, la cuestión es cómo se la utiliza. Si es algo que alienta la lectura, perfecto, de lo contrario, ¿qué sentido tiene? Por otra parte, he rechazado ofertas de digitalización de mis libros. Me gusta tocar un libro, respirarlo, sentirlo, llevarlo... ¡Es algo que una computadora no ofrece!
«p-Este año publica dos nuevos libros y sus adaptaciones teatrales se representan regularmente en Los Angeles...
«r-Escribo todos los días, cada mañana, desde hace setenta años. ¡No paro! Y escribo para el teatro desde hace cuarenta y cinco años; me encanta... Mi último libro, Now and Forever, que salió en setiembre, incluye un homenaje a Katharine Hepburn, "Somewhere a Band is Playing", que escribí después de conocerla hace cuarenta años - ¡y yo estaba enamorado de ella!-. Habíamos hablado del proyecto con Katharine y George Cukor, con la esperanza de que ella fuera la protagonista...«p-Cuando salió From the Dust Returned, en 2001, usted dijo que era Timothy, el personaje principal de ese libro. ¿Es también Douglas Spaulding, el héroe de Farewell Summer, la continuación del clásico Dandelion Wine, que acaba de publicarse en los Estados Unidos?«r-¡Por supuesto que soy Douglas! Dicho sea de paso, recibí excelentes críticas, escritas por hombres de edad madura que tienen a ese niño oculto en su interior. Ese libro es una conversación entre un chico de doce años y un hombre de ochenta y siete. Y yo soy los dos, ¿no le parece? De todas maneras, soy un escritor híbrido que creció con los libros y el cine. Vi la película Notre Dame de Paris a los tres años, y esperaba ser jorobado. Vi El fantasma de la Opera a los seis años, me encantó. A la misma edad, vi el filme El mundo perdido, y gracias a ese amor por los dinosaurios John Huston me propuso escribir la adaptación de Moby Dick.«p-¿El cine sigue adaptando su obra?«r-Mi amigo Frank Darabont prepara una nueva adaptación de Fahrenheit 451, y escribió un guión muy bueno. He tenido experiencias diversas en Hollywood, muy malas cuando un agente inmobiliario de New Jersey robó el guión de The Illustrated Man. ¡Pero Warner acaba de comprarme de nuevo los derechos! Esta vez, el guión lo escribo yo, y Frank Darabont va a producirlo y, quizá, dirigirlo. La mejor adaptación de mi obra es The Wonderful Ice Cream Suit (El maravilloso traje de color vainilla), realizada por Disney en 1998 - con Joe Mantegna y Edward James Olmos. Ellos respetaron realmente mi guión, la historia de un hombre pobre que sueña con un traje blanco. Universal prepara una versión de Crónicas marcianas. Ya encargaron veinte guiones seguidos, entre ellos cinco míos... pero piensan que no sé escribir. ¡Para cuando terminen esa película, Marte ya va a estar colonizado! Kirk Douglas había financiado una adaptación televisiva, pero los canales de TV estadounidenses no la quisieron.«p-Usted dedica tiempo a alentar a jóvenes escritores, ¿qué consejos les da?«r-Lo que funda toda escritura es el amor, es hacer lo que amamos y amar lo que hacemos. Y olvidarse del dinero. En mis comienzos, yo ganaba 30 dólares por semana, y mi novia era rica, pero le pedí que hiciera voto de pobreza para casarse conmigo. No teníamos ni auto ni teléfono, vivíamos en un departamento pequeño en Venice, pero la estación de servicio de enfrente tenía una cabina telefónica. Iba corriendo a atender cuando sonaba y la gente creía que me llamaba a mi oficina. Yo les repito: "Rodéense de personas que los quieran, y si no los quieren, échenlos. No hay necesidad de ir a la Universidad, donde no se aprende a escribir. Vayan más bien a las bibliotecas". Yo escribí Fahrenheit 451 porque había oído hablar del incendio de la biblioteca de Alejandría y de los libros quemados por Hitler en Berlín.«p-Para usted, Los Angeles es "treinta naranjas que no están obligadas a tener el mismo ombligo", ¿una ciudad no necesita un centro?«r-No, puesto que ahora, no teniendo un epicentro en la ciudad, esa función la cumplen los centros comerciales. Yo trabajé en la creación de esos "malls" e intenté explicar a los promotores cómo hacerlos. Cuando se construyó el centro comercial de Century City, hace treinta años, cerca de los estudios de la 20th Century Fox, expliqué que no funcionaría pero no me escucharon. Más adelante, me consultaron, y yo detallé los errores: no había restaurantes, no había vida social. Les dije que agregaran 200 mesas con 500 sillas, y que abrieran por lo menos 20 restaurantes para que la gente pudiera comer adentro o afuera, y dar vueltas y mirar, como en París. Siguieron mis consejos, y funcionan, los restaurantes, los cines, una gran librería. Estoy ayudando a reconstruir Westwood, es necesario salvar a ese barrio muerto. «p-¿Le preocupan los problemas ambientales?«r-Contra la contaminación, tenemos que recurrir a los franceses, que ya vinieron a salvar nuestra revolución con Lafayette. Ustedes son el único país que depende de la energía nuclear, y pueden enseñarnos a construir centrales nucleares en todos los Estados de la Unión, menos contaminantes que nuestros recursos actuales, petróleo y carbón. De esa manera, salvan nuestras vidas y Estados Unidos y Francia pueden volver a enamorarse.«p-¡La exploración espacial lo fascina, y Marte especialmente!«r-Esa noche en que llegamos a la Luna fue una noche de éxtasis para mí. ¡Nunca tendríamos que haber parado! Sacar una foto, OK, pero eso no salva a la humanidad. Si la vida desaparece de la Tierra, podemos encontrarla en otros planetas. Los viajes al espacio nos harán inmortales. Hay que volver a la Luna y hacer allí una base, para partir a la conquista de Marte... en los próximos veinte o treinta años, pero ya no seré de este mundo y eso me entristece mucho. Pero me enterrarán en Marte, en el cráter Chicago Abyss. Dejé instrucciones para eso a mi familia. Seré el primer muerto en Marte, aunque no tengo ninguna intención de morir pronto. ¡Llegaré a los 100!«p-¿Por qué candidato votará en las próximas elecciones presidenciales?«r-Prefiero a Rudy Giuliani, que ya hizo sus pruebas como alcalde de Nueva York, contra la criminalidad. Si los demócratas estuvieran a favor de bajar los impuestos, votaría por ellos. Pero no me gusta Hillary Clinton. Cuando su marido era presidente, la reforma del sistema de salud que proponía habría sido una catástrofe para nuestro país. Lástima que Arnold Schwarzenegger no pueda presentarse, es un buen gobernador. Soy miembro de la Academia y cuando participé en el comité de documentales, apoyé Pumping Iron - la película de 1977 que lanzó a Schwarzenegger al estrellato-.
«p-¿Sigue siendo siempre igual de optimista?
«r-¿Por qué no? Mi vida marcha bien, sigo creciendo... it's wonderful! Si uno hace lo que ama, es feliz. Algunos psicoanalistas me han preguntado cómo hacía, pero no estoy nunca deprimido ni ansioso, salvo cuando muere un ser querido. Cuando murió mi mujer, Margherite, escribí un poema en su memoria... En un matrimonio pasan cosas misteriosas. Mi mujer quiso dejarme, porque teníamos demasiados bebés y ella pensaba que era mi culpa. Yo no quise divorciarme, para no alejarme de mis hijos, y seguimos juntos, como padre y madre. He tenido amantes, no es que sea mujeriego, pero cuando una mujer bella llama a mi puerta y me dice: "I love you", ¿cómo puedo resistirme? Bo Derek me propuso ir en tren al sur de Francia con ella y pasamos dos días juntos. La veo una vez al año. En la vida, todo es amor. Si uno ama está vivo, si crea amor, las cosas buenas forzosamente llegan.(c) Le Monde y ClarínTraducción de Cristina Sardoy

388/Retinas - Picotones entre la gallina y sus polluelos - Por Fernando Caputi

La Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile desarticuló el concepto por el que fue echado a andar, en su edición inicial, este evento periódico, vale decir, la retomada por España y Portugal, sobre los países sudacas, centracas y caribacas, de un ascendiente maternal a la manera de gallina con sus polluelos, ya ejercido en épocas de lejano y disputado colonialismo. Pero en el curso del plenario, la aparente relación de tutoría se vio permutada por picotazos de uno y otro lado.
Voluntariamente, la Madre Patria había metido su poco diplomática nariz en el diferendo uruguayo-argentino como facilitadora. Pero el tiempo transcurrido no le alcanzó para nada más que pedirle al gobierno Vázquez que demorara la superfundada autorización a Botnia de funcionar, a lo que se accedió hasta que, en irreprochable ejercicio de soberanía, se comunicara a la empresa finlandesa que su planta podía comenzar a echar humo. Fue cuando la corona y sus representantes fruncieron el ceño, facilitando intereses del otro lado del río, habitado por innatos ambientalistas sin título, que también echaron humo. Para completar, y como siempre, Carolina Cayazzo informó sobre el diferendo binacional sin nunca desplazarse a Uruguay, pues se limita a utilizar lo que, en el diferendo binacional, oye en Argentina.
Segundo episodio: la doble representación rey Juan Carlos de Borbón-presidente de gobierno José Luis Rodríguez Zapatero se enfrascó en subida vocinglería con un aprendiz vocacional de fidelcomiso a quien Su Majestad por dos veces ordenó “Cállate tú” por descalificar en vez de discrepar. Y éste, volviendo a adaptar libremente a su léxico el ideario de Artigas (Con la verdad –evitó mencionar “libertad”– no ofendo ni temo) hizo caso omiso, de repente imaginando que contra viento y marea él, muy pronto, también podrá ser mandatario eterno.
Desubicados unos. Zapatero, a tus zapatos de una vez. Es muy válido defender de los electos democráticamente, pero ya sabemos que se te escapan mentirillas como aquélla de asegurar que en España a los extranjeros se les trata bien y tienen garantías. El monarca, olvidando que sus órdenes reales terminan en Iberia. En cambio, al menos coherente con los pensamientos que por aquí ya sabemos tiene, el bolivariano del capitalismo populista.

387/Polis - El gobierno de los pobres- Por Constanza Moreira

¿Qué es la democracia?, se preguntó Aristóteles en el siglo IV antes de Cristo. Le dio vueltas y vueltas al asunto; estudió los regímenes políticos existentes en su época, mandó discípulos a lo largo y a lo ancho de la Antigua Grecia a recolectar datos y finalmente llegó a una conclusión. La democracia es el gobierno de los pobres.
La teoría de Aristóteles se basa en un argumento lógico. La democracia es el gobierno de los muchos, y los muchos siempre son pobres, mientras que los ricos, siempre son pocos. El gobierno de "todos", es el gobierno de la plebe, de las grandes mayorías. En una democracia, las grandes mayorías son las que tienen el poder, decía Aristóteles, y en general lo usan en su propio beneficio: en beneficio de los pobres.
En tiempos de Aristóteles no se hacía diferencia entre los pobres (aunque había esclavos, y éstos no hacían parte de ninguna democracia). Sí se hacía diferencia entre la clase media y los pobres. Los primeros tenían alguna propiedad, los segundos dependían del trabajo para sobrevivir. Bajo un régimen democrático, aquellos que dependían del trabajo para vivir iban a tomar decisiones que los defendieran. Y por consiguiente, una democracia, cuando funcionaba de verdad, tenía un gran potencial para redistribuir la riqueza. ¿Quién sino iba a pagar el bienestar de los pobres? Esto es lo que hacía a la democracia griega presa fácil de los golpes de las oligarquías, ya que éstas eran las lesionadas en pro del bienestar de la mayoría.
En América Latina (donde abundan los pobres) las democracias "populistas" de la posguerra y las democracias del "giro a la izquierda" actual tienen eso en común: un gran potencial para redistribuir la riqueza. Que lo logren o no, es otra cosa. Pero sin duda ambas experiencias históricas se caracterizan por la existencia de gobiernos y gobernantes, cuyas bases de apoyo descansan en las grandes mayorías, que son pobres.
En algunos casos, además, sus gobernantes vienen de los estratos más pobres de la población (como en Bolivia o en Brasil). Si no consiguen que las grandes mayorías vivan mejor, se sentarán en el banquillo de los acusados en el que se han sentado muchos presidentes y gobiernos en América Latina.
Lo primero que estos gobiernos se han puesto como objetivo es mejorar las condiciones de vida de los más pobres. Y es por ello que vemos, como en Uruguay, programas y políticas sociales, que junto con las políticas de redistribución del ingreso atienden el bienestar de los más necesitados. Sobre esto ya hay una acumulación importante de estudios y reflexión, así como un extendido consenso de que éste es un distintivo de los gobiernos de izquierda en la región.
Recientemente hubo en nuestro país dos presentaciones de gran importancia sobre el tema; una de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) y otra del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). La primera identificó el impacto de las tres reformas grandes que se están implementando: la reforma tributaria, la reforma de la salud y el Plan de Emergencia Social (Panes). La segunda realizó la evaluación del Panes y fue llevada a cabo días después. La conclusión de los datos presentados en ambas conferencias es más o menos claro. El impacto de las tres reformas conjuntamente produciría una reducción de la pobreza y una reducción de la desigualdad. Algo que estaba precisando el Uruguay de los años recientes, donde el incremento de la desigualdad y la pobreza, básicamente consolidados después de 1998, se agudizaron con la crisis de 2002.
Las alternativas presentadas por el informe de OPP sobre las reformas varían, ya que se trata de un ensayo a futuro. Aún tenemos resultados parciales sobre la reforma tributaria y sobre la implementación del Panes, mientras que la reforma de la salud todavía no se ha puesto en práctica. Varían los puntos porcentuales de reducción de la pobreza (con un máximo de 5%) y la magnitud de la reducción del Indice de Gini (que mide la apropiación del ingreso por sectores de la población). Pero no hay duda del resultado de las mismas y tampoco de que es, de todos los ensayos practicados por gobiernos anteriores, el más contundente en materia de reducción de la pobreza y la desigualdad.
Podrán discutirse instrumentos (en el caso del Panes) o el principio general de justicia (en el caso de la reforma tributaria), o la lógica de asignación (en el caso de la reforma de la salud). Pero es claro que estas reformas se han transformado en un punto central para cualquier política de Estado futura que tenga Uruguay.
Una encuesta difundida cuando el Panes divulgó sus resultados, realizada por la Universidad de la República, muestra que los beneficiarios de ese programa están satisfechos con su situación. Identifican además claramente sus derechos y creen que en el futuro la situación será mejor.
Habida cuenta de estos resultados, todo indica que Uruguay se encaminará hacia un mapa político donde la izquierda cuente con el fuerte apoyo de los más pobres, al igual que en la elección de Lula en 2006 o de Cristina Fernández recientemente. De más está decir que en Bolivia el principal apoyo a Evo lo están dando las inmensas mayorías miserables.
El voto a Chávez, probablemente (aunque no se dispone de datos sobre ello) esté concentrado también en los más pobres. Esta polarización social del voto trae al mismo tiempo una señal de inquietud sobre los electorados de los estratos sociales medios-altos y altos, que pueden percibir esta redistribución como una lesión a sus "derechos adquiridos".
La lección de Aristóteles sigue vigente hoy en día: las políticas de redistribución del ingreso no deben pasar el límite de lesionar los intereses de los más ricos (las oligarquías de Aristóteles), porque sin su consentimiento ningún régimen democrático sobrevive. Y así, en difícil equilibrio viven Argentina, Uruguay, Bolivia, Brasil y Venezuela.
En realidad, Aristóteles tenía una "solución" al difícil equilibrio democrático. Lo ideal, creía, era una sociedad más igualitaria: con una robusta clase media, que mediara entre los pobres y los ricos. Que sirviera de árbitro. Los pobres y los ricos, pensaba Aristóteles, y antes de él Platón, eran enemigos acérrimos. Precisaban de la intermediación de la clase media. Las clases medias eran por lo general las más conservadoras del orden: tenían todo para perder en una revolución, y poco para ganar en ella. Pero lamentablemente la sociedad de clases medias era casi una excepción.
Uruguay contó con una robusta clase media. Tanto, que en los estudios de los años cincuenta aparecía como una "excepción" en el concierto latinoamericano, y éstas eran, por aquel tiempo, las explicaciones sobre su tranquilidad democrática en una región asaltada por golpes de Estado y regímenes militares. Pero el Uruguay que conocíamos ya no existe más, o existe muy poco.
Y además, la sensación de estrangulamiento producido por el propio empobrecimiento del país como un todo ha agudizado los conflictos sociales.
Será difícil para un gobierno futuro desmantelar el Plan de Equidad, la reforma de la salud, o los Consejos de Salarios. Para hacerlo, deberá enfrentarse a esas "mayorías" de las que hablaba Aristóteles. Si esto fuera así, la izquierda, al menos en este lado del mundo, habrá demostrado que con sus aciertos y sus fracasos diseñó unas "políticas de Estado" sin las cuales resultará difícil imaginarse el futuro. O por lo menos, será difícil imaginarse el futuro para esos pobres, esas grandes mayorías, sin cuyo voto ningún gobierno se sostiene. * Constanza Moreira. Politóloga. Universidad de la República.

386/Polis - Doloso gran boquete entre los agujeros de la canasta familiar - Fernando Caputi

En este mismo espacio, el 3 de setiembre último hice referencia a dos casos –verificados hace años personalmente– de supermercados porte medio que desplumaban incautos anunciando bajos precios reaumentados por las cajeras, extremo ya denunciado por el Periódico Ciudad Vieja.
Transcurridos casi dos meses, me aprestaba a insistir en el tema porque terminaba de comprobar que la misma maniobra de mala fe también la aplican grandes cadenas –paradoja: las mismas que, según sus ejecutivos, están contestes en colaborar para contener la inflación– cuando un canal de TV informó que habían sido detectadas 52 infracciones consistentes en, justamente, ignorar, al paso del cliente por las cajas registradoras, los precios de oferta proclamados en las góndolas.
Agregaba el informativo que la irregularidad, comprobada a partir de unas 200 denuncias presentadas ante Area Defensa del Consumidor del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), hacían pasibles a los infractores de multas comprendidas entre 20 y 4.000 Unidades Reajustables.
¡Al fin alguien más captaba el sistemático fraude!
Pero ¿y?
Gobiernos blancos y colorados, basados en una convicción que comparte el frenteamplista, dejaron de fijar tarifas únicas o máximas salvo para contadísimos insumos o productos de primera necesidad. Bien. Pero visto y considerando la rebuscada y burda jugada de mala fe nuevamente de moda, ¿no cabe instituír un nuevo tipo de inspección, igualmente sistemática, para abolir esa tarifación falluta?
Instrumentar ese control parece ser vital e implica, desde luego que con ajuste a Derecho y tal vez específicas decisiones judiciales o legislativas, explicar a la población curiosidades tales como la existencia de una doble red informática en determinadas empresas infractoras. Por un lado, la de los valores rebajados no aplicados, de oferta, corroborados por máquinas verificadoras a disposición –cuando funcionan– del consumidor; por otro, los valores inmodificables del deliberado abuso que se perpetra a la hora de abonar.
En los estudios técnicos del MEF y sus profesionalizadas reparticiones como el Instituto Nacional de Estadística, entidades que dicen velar por los intereses públicos incluídos sectores “económicos” de universidades y gremios ¿cuáles de esos dos precios diferentes toman en cuenta?, ¿por acaso no prevén recabar, para su análisis, la tirilla impresa que a manera de recibo lleva el comprador? ¿la inspección tradicional no podría transformarse en auditoría?
Un funcionario con mando medio en una de estas empresas de doble discurso llegó a confiar que uno de sus patrones admite la artimaña como forma de recuperar el alto costo de imprimir folletos que son regularmente volanteados en el marco de una competencia comercial cada vez más dura.
El consumidor –lo hemos dicho– también es culpable por la negligencia de no agudizar la observación de sus gastos, en este caso comparando el que el cartelito mentiroso lo tienta a incurrir con el dinero que realmente le sacan del bolsillo.
Si con medidas de control hubiese algún avance hacia la invocada cristalinidad groseramente empañada, restará saber quiénes abogarán por tantas víctimas del dolo.
Porque, en la práctica y por ahora, casi todo es blá-blá. Basta ver lo ocurrido con la carne de pollo, que una y otra vez rebajada en teoría por el mayorista, no tiene reflejo en los minoristas del ramo.
Y ni hablemos de la deflación de 0,23% estimada para el mes de octubre.

(7.11.2007)

viernes, 16 de noviembre de 2007

385/Alkimia - Defensa del coliflor - Tulio Mauro


Unos días sin entradas, sin conectarse, y un comentario. ¿Por qué esa persecución del coliflor?

En verdad, tengo dudas sobre el tema Botnia, muchas dudas; y no quiero meterme en niveles de patrioterismo y chovinismo, que derivan en patoterismo y otras bobadas.

Pero me cayó mal que dijeran que el tufo que se olía cuando operaba la planta era como cuando se hierve coliflor. ¡Qué sabrán los que así hablan de una buena sopa de coliflor!

Es uno de los máximos aromas a hogar, a casa limpia, a espera de comida en mesa familiar.

Al coliflor no hay que dejarlo solo, se lo debe acompañar de cebolla, morrón, apio (de sopa), puerro (bastante), alguna papa, un nabo e igual número o porciones de boniato al de comensales. Nada de carne oi chorizo, que se podrá hervir luego en el caldo. Algunos ajos y poca o ninguna sal.

Si eso fue lo que olieron los detractores de Botnia, por favor, no es pa'armar tanto quilombo.

384/Actuales -El precio del petróleo redibuja el mapa del poder mundial -Mark Lander

Se acerca a los 100 dólares el barril

Las naciones ricas en petróleo gozan de ganancias y oportunidades históricas, mientras que los principales importadores - incluyendo China y la India - están afrontando costos sociales y económicos cada vez mayores
A medida que trepa hacia la simbólica barrera de los 100 dólares el barril –ayer alcanzó los 96,70 dólares–, el precio del petróleo está creando nuevos ganadores y perdedores en todo el mundo.
En el sur de China los elevados precios del petróleo obligaron a Wang Pui, un camionero, a hacer una hora y media de cola para llenar el tanque, pero sólo para cargar, según le dijeron, unos 100 litros, ya que China afronta escasez de nafta y de gasoil.
Cuando Vladimir Putin trataba de lograr, en julio pasado, que Rusia fuera la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno 2014, recurrió a sus bolsillos repletos de ganancias petroleras y se comprometió a destinar 12.000 millones de dólares para convertir un centro veraniego del Mar Negro en un paraíso deportivo invernal.
La perspectiva de que el precio del petróleo alcance los tres dígitos está redibujando el mapa político y económico del mundo y desafiando algunas viejas ideas sobre el poder.
Las naciones ricas en petróleo gozan de ganancias y oportunidades históricas, mientras que los principales importadores -incluyendo China y la India- están afrontando costos sociales y económicos cada vez mayores.
Manejar este nuevo orden se está convirtiendo rápidamente en un problema esencial de la política global. Los países que necesitan petróleo se están sacando los ojos para asegurarse provisiones escasas y están dispuestos a negociar con cualquier gobierno, por más desagradable que sea, para conseguirlo.
En cambio, en muchos países petroleros pobres los ingresos se pierden debido a la corrupción, privando a esas naciones de mejores perspectivas de desarrollo. Y el petróleo está promoviendo gigantescos fondos de inversión administrados por gobiernos extranjeros, lo que algunos en Occidente consideran una nueva amenaza.
También hay algunos países que, inesperadamente, están obteniendo beneficios debido a los precios más elevados, como Alemania. Aunque importa casi todo el petróleo que consume, ha prosperado a partir del voluminoso comercio con una floreciente Rusia y con Medio Oriente.
En toda Europa, el alza del euro actuó como una compensación frente a las fluctuaciones en el mercado petrolero cotizado en dólares, mientras que los elevados impuestos a la nafta han hecho que el alza de los precios del petróleo sea menos irritante para los automovilistas.

Para los países en vías de desarrollo, el petróleo puede ser una herramienta de transformación nacional, aunque el objetivo sea un nivel de vida de clase media o una sociedad utópica.
En Venezuela, el presidente, Hugo Chávez, está volcando los ingresos petroleros a su revolución socialista, con educación y cuidado de la salud gratuitos, alimentos baratos e impulsando un gasto público que ayudó a promover un crecimiento económico que lleva cuatro años.
"El problema es que no está muy claro cómo se invierte ese dinero", dijo Theresa Paiz, directora de la oficina de calificaciones Fitch. Transparency International, un organismo que califica a los países por su grado de corrupción, ubicó en 2007 a Venezuela en el puesto 162 entre 179 países.
Las preocupaciones sobre la corrupción son incluso más considerables en Angola. Rica en petróleo, recauda dos veces y media más que hace tres años. Los hoteles en la capital, Luanda, están reservados con meses de anticipación, en gran medida por compañías petroleras extranjeras. La venta de autos de lujo está en pleno auge, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que la economía angoleña crecerá el 24% este año. Sin embargo, los analistas de la Universidad Católica de Angola afirman que dos de cada tres habitantes viven con 2 dólares o menos por día, igual que en 2002, cuando terminó la larga guerra civil del país.
El creciente vigor de Angola -actualmente el mayor abastecedor de petróleo de China y el sexto mayor proveedor de Estados Unidos- está llevando a reconsiderar su posición global. Hace poco se incorporó a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y está limitando su cooperación con el FMI.
La disputa entre países importadores para asegurarse el acceso a las fuentes de petróleo se ha vuelto feroz. China, anteriormente un exportador de petróleo que ahora debe importar la mitad del petróleo que consume para lubricar su floreciente economía, afronta una escasez políticamente perturbadora. Para evitar una crisis, China aumentó los precios minoristas de los combustibles casi el 10% la semana pasada.
La India es incluso potencialmente más vulnerable, según algunos analistas. Aunque consume la tercera parte de petróleo que consume China, importa el 70% del crudo. Además, no cuenta con reservas estratégicas y la demanda aumenta más rápido que en cualquier otra economía salvo la de China.
Comparativamente, los problemas que afrontan otros países productores de petróleo parecen casi benignos. Para ellos, la cuestión más candente es qué hacer con tanto dinero. Noruega, décimo productor de petróleo del mundo, pretende garantizar a cada niño un jardín de infantes subsidiado a partir de fines de 2008, en parte con dinero transferido de su Fondo de Jubilación Estatal de 350.000 millones de dólares, anteriormente conocido como el Petroleum Fund.
Dubai ha adoptado, de manera similar, un criterio a largo plazo. Al considerar que sus reservas petrolíferas son temporarias, utilizó los ingresos del petróleo para expandirse significativamente en las áreas de turismo, comercio, bienes raíces y construcción. El sector petrolero es actualmente responsable de sólo el 5 por ciento su PBI.
Pero quizá ningún país se haya complacido tanto con su riqueza petrolera como Rusia. NetJets Europe, una compañía aeronáutica privada, tiene previsto inaugurar una oficina en Rusia debido a que el tránsito aéreo entre Moscú y Londres se ha vuelto sumamente intenso. Los rusos han mantenido activo el elegante mercado inmobiliario londinense.
En el plano interno, la riqueza petrolera rusa también es utilizada en beneficio general. Putin la usa para financiar "proyectos nacionales prioritarios", como el mejoramiento de los sistemas de salud y educación.
Aunque abandone la presidencia, el petróleo también podría ayudar a Putin a aferrarse al poder, tal vez como primer ministro. Como indicó el propio Putin hace poco: "Todos recordamos la situación en la que se encontraba nuestro país hace siete u ocho años". Hace ocho años, el precio del barril de petróleo era de 16 dólares.